- “Mi vida era una muerte lenta”
- 3 January, 2009
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Por: Kamal Yazdan-Panah
Nota del editor: La siguiente es una traducción de Iran Press Watch de una conmovedora autobiografía publicada en el sitio web del Servicio Mundial Bahá’í de Noticias (Bahá’í World News Service). Se acompaña un resumen de los 16 documentos relacionados. Las aclaraciones de Iran Press Watch aparecen entre corchetes.
Preámbulo por BWNS
Lo que pueden leer más abajo no es ficción, ni una novela, ni la expresión de unos sentimientos. Es la vida real. Es sumamente triste. Es la descripción de la vida de un iraní llamado Kamal Yazdan-Panah. Él es bahá’í. En plena tormenta desencadenada por la opresión oficial, la tiranía, la animadversión y la oposición por parte del gobierno de la República Islámica de Irán [contra los bahá’ís], él siempre fue un siervo de su país, una fuente de apoyo para su familia, y un creyente en su religión y en sus convicciones.
En un momento de la historia en el que, por vigésimo primera vez, Naciones Unidas ha aprobado una resolución por la que condena la lamentable situación de los derechos humanos en Irán; en el que el gobierno de la República Islámica ha cerrado la Oficina de los Defensores de los Derechos Humanos, y en el que el llanto de los estudiantes universitarios de Irán ante la tiranía y las restricciones ha alcanzado su clímax, en semejante momento, podemos leer la historia real de un hombre excepcional, cuya vida no es ninguna excepción en Irán. Desgraciadamente, los acontecimientos descritos en esta autobiografía son moneda corriente en esta tierra, si bien dotan de sentido y de propósito a aquellos que se han levantado a defenderle a él y sus compatriotas. Inclinémonos ante la rectitud de todos estos seres. Y susurremos una oración por Kamal Yazdan-Panah, cuyo nombre indica que Dios Todopoderoso [“Yazdan”] es su único refugio [“panah”], y para su familia, y para todos aquellos que siguen adelante con gran esfuerzo.
Relato de Kamal Yazdan-Panah, bajo el título de “Injusticias infligidas a una familia bahá’í durante la época de la República Islámica: la personificación de la justicia y la equidad”:
Yo, Kamal Yazdan-Panah, soy iraní, y estoy orgulloso de Irán y de ser iraní. Amo tanto a mi país que, a pesar de las injusticias que voy a relatar, no tengo la intención de adquirir pasaportes para mí y para mi familia [para dejar el país]:
1. De acuerdo con los adjuntos (ver documentos 1, 2, 4 y 5, adjuntos), después de trece años y cinco meses de servicio fiel, el 19 de febrero de 1980 me despidieron de las Fuerzas Armadas iraníes sin la menor consideración por mis derechos y sin indemnización alguna (ver documentos 6 y 7, adjuntos).
2. Posteriormente, trabajé en distintas compañías privadas, tales como Shahkaran Kladimeh va Kalvin, instalando sistemas mecánicos y eléctricos. Sin embargo, la empresa cerró y la directiva dejó el país, con lo que pasé a engrosar las listas del paro.
3. Pasado un tiempo, un amigo y yo alquilamos una tienda y montamos un negocio reparando aparatos de aire acondicionado, pero dado que nuestros ingresos no eran suficientes para cubrir nuestros gastos del día a día, nos mudamos al pueblo de Ekhtiyar-Abad, situado a 20 kilómetros a las afueras de Kerman.
4. En la mañana del 1 de enero de 1984, un grupo de individuos armados asaltaron nuestro hogar (en el pueblo de Ekhtiyar-Abad), al tiempo que mi esposa, embarazada, y yo nos dirigíamos al hospital con jeringuillas y otro material médico necesario. Nos insultaron y vilipendiaron, inspeccionaron y registraron nuestra casa a fondo, reunieron y confiscaron nuestras posesiones, incluyendo 300 libros, pinturas, álbumes de fotografías, casetes e incluso mi automóvil, Paykan, el único medio de transporte del que disponía mi familia, y a continuación me vendaron los ojos y me llevaron a la prisión de Sepah. Pasé 93 días incomunicado, sujeto a interrogatorios especiales, etc. Después de catorce meses, si bien recibí dos felicitaciones por escrito por ayudar a las autoridades penitenciarias a resolver problemas técnicos y estructurales de la prisión (ver documento 8, adjunto; por desgracia, la segunda carta de felicitación sería destruida en una redada posterior el 29 de septiembre de 2008, fecha en la que todos mis documentos personales, cassettes y cintas de vídeo, 700 libros y toda una multitud de objetos personales me fueron nuevamente confiscados de mi lugar de residencia en Ekhtiyar-Abad), fui condenado a diez meses de exilio interno y llevado a la ciudad de Jahrom, en la provincia de Fars, bajo acusaciones carentes de fundamento, tales como espionaje para Estados Unidos, Inglaterra, Israel o la Unión Soviética, participación en actividades destinadas a derribar a la República Islámica, y otras del estilo.
5. Ya establecido en Jahrom con mi familia, conseguí comprar un camión, gracias a la venta de una serie de artículos, y ganarme la vida transportando mercancías. Sin embargo, el negocio no resultó, con lo que alquilé una tienda y proseguí con mis labores de técnico reparador. Pasado un tiempo, al no poder obtener una licencia comercial, monté una compañía llamada “Empresa Constructura Farrokh Suzan”, y empecé a trabajar con dos de mis amigos bahá’ís que también habían sido desterrados a Jahrom. Cinco años más tarde, habiéndonos dirigido diariamente a la comisaría de policía o a la Oficina de Inteligencia a firmar el registro especial de exiliados, en el que cada uno de nosotros firmó 1.825 veces en total, obtuvimos el perdón del Imán (Ayatolá Khomeini). Puesto que nuestras relaciones y nuestra colaboración con la gente del lugar eran excepcionalmente buenas, nuestro negocio creció. Cuando llegaron las noticias del perdón del Imán, decidimos permanecer en Jahrom, pero la Oficina de Inteligencia nos informó que tendríamos que dejar Jahrom en plazo de quince días sin derecho a regresar. De hecho, fuimos exiliados de nuestro lugar de exilio, sin posibilidad de regreso [a lo que se había convertido en nuestro hogar]. Nuestro negocio fue cerrado de forma oficial mediante carta (ver documento 9, adjunto). Ni siquiera se nos dio la posibilidad de recoger nuestras herramientas y documentos, ni de ajustar las cuentas de la compañía, ni de obtener el expediente escolar de nuestros hijos, lo cual nos acarreó una multitud de problemas. La furia de la persecución era tal que soy incapaz de describirla. Las autoridades ni siquiera dispensaron a mi hijo, quien estaba en la escuela primaria, y se empeñaban en que debía cambiar sus creencias. Le dieron un libro titulado “Historia de los Profetas”, cuya primera página mostraba una tentativa, manuscrita, de cambiar sus creencias (ver documento 10, adjunto). Bajo estas condiciones, nos vimos obligados a regresar a Kerman, mi ciudad natal, donde pasamos algún tiempo viviendo en casa de mi hermana, ya que no disponíamos de ningún sitio para vivir, lo cual originó sus propios problemas.
6. Después de trasladar la compañía a Kerman, continué con mi trabajo anterior en la Compañía Mana, empresa filial de la Organización para la Reforma y el Desarrollo de la Vivienda, y me incorporé a un proyecto para construir un rascacielos para el Banco Saderat. Una vez más, la Asociación Islámica comenzó su campaña y detuvo mis labores, en lo cual se emplearon con tal determinación que resulta imposible de describir. Sin embargo, finalmente, gracias a la buena voluntad de los directivos de la compañía, que estaban plenamente satisfechos con mi trabajo, sus intentos se vieron frustrados. Puesto que la dirección estaba sumamente contenta con nuestra labor, se me puso al cargo del mantenimiento de los sistemas eléctricos y mecánicos. Después de seis meses de trabajo inhumano, a través de las actividades de la Asociación Islámica del Banco Saderat, mi negocio fue cerrado. También rehusaron pagar los gastos acordados, lo que incluía los salarios de mis empleados y los impuestos que tenía que pagar. Gracias a su amabilidad y su buena voluntad para conmigo, los gerentes de Mana hicieron grandes esfuerzos en este sentido, pero ello no resolvió la situación. Al final, me retiraron todos los documentos laborales y le dieron el puesto a otra persona.
7. Nuevamente, después de muchas tribulaciones, tuve varios empleos hasta que fui contratado por otra compañía de instalaciones dirigida por el mismo equipo de Mana, y empecé a trabajar en la fábrica de acero de Kerman, situada en la ciudad de Bardsir. Nuevamente, la Asociación Islámica ejerció presión sobre los gerentes de la compañía, pero dado que necesitaban mecánicos y que la instalación del sistema eléctrico estaba a medio hacer, me permitieron continuar con mi trabajo a regañadientes hasta que la fábrica estuviera terminada.
8. En 1996, aunque había recibido una carta de felicitación por parte de la Unión de Sistemas de Calefacción Central, mi permiso de trabajo, que lo utilizaba para uno de los trabajos de menor categoría de Irán, me fue retirado. Después de reiteradas visitas y reuniones en las Oficinas de Inteligencia y de Alojamiento, en las que toleré numerosos insultos, humillaciones y amenazas, conseguí que me prometieran verbalmente que volverían a expedirme un permiso de trabajo. A la postre, ellos faltaron a su promesa y yo me quedé sin permiso.
9. A petición de la misma constructora, en la ciudad de Mahan empezamos a trabajar en un complejo arquitectónico llamado Centro Internacional para las Ciencias y Tecnologías Avanzadas del Medio Ambiente. La persecución comenzó nuevamente, y la intervención de la Oficina de Inteligencia y la Asociación Islámica alcanzó un nivel intolerable físicamente. Como consecuencia, se me paralizaron los nervios faciales y perdí la sensibilidad en media cara, y aún hoy sigue deformada. Hay que mencionar que inicialmente teníamos un contrato de diez meses, el cual, debido a retrasos presupuestarios, se alargó hasta los cincuenta meses con el mismo presupuesto inicial (uno puede imaginar la presión que hube de soportar durante esos cinco años en Irán con el índice de inflación en Irán). No obstante, gracias a la incesante amabilidad de los gerentes de la compañía, continuamos con nuestras labores a pesar de la intervención cada vez mayor y la presión a causa de mi creencia en la Fe bahá’í. Sin embargo, a la larga, el trabajo de mantenimiento del equipo y de las unidades instaladas acabaría en manos de otra persona.
10. Si bien carecía de licencia comercial, tras un tiempo en el paro, me pidieron que trabajara para ThyssenKrupp Assanbar bajo la insistencia de su director general. Fui contratado como gerente de la oficina de la región de Kerman, y así empecé a trabajar. A causa de nuestras dificultades económicas, mi esposa, que había sido despedida de su puesto de funcionaria en los primeros años de la Revolución, acudió en mi ayuda. Además, mi hijo y un amigo bahá’í se nos unieron, y los cuatro empezamos comercializando e instalando equipos. Justo habíamos dejado atrás nuestros problemas anteriores cuando Sepah Pasdaran [la Guardia Revolucionaria] se entrometió, y el ThyssenKrupp nos despidió a los cuatro bajo sus órdenes. El día de la boda de mi hija (se casaba con el mismo amigo bahá’í que trabajaba con nosotros) nos entregaron los documentos de nuestra destitución, a modo de regalo de boda (ver documentos 13 y 14, adjuntos).
11. Una vez más, la constructora para la que habíamos trabajado en algunos proyectos me invitó a trabajar en un nuevo proyecto llamado “Fábrica de Cobre Bahonar Kerman” (documento 15, adjunto). Puesto que no tenía otro trabajo, acepté el puesto. La Asociación Islámica emprendió sus actividades contra mí desde el principio, y al final me dijeron que puesto que era bahá’í, no podría seguir trabajando allí. Por ello, me obligaron a suspender el trabajo, y esperé la decisión de la compañía. Después de cuatro días de consultas entre todos los ingenieros asesores, supervisores y gerentes, me volvieron a llamar para que retomara el trabajo. Después fui invitado a una reunión con los representantes de los ingenieros asesores y los supervisores, unas once personas en total. Se levantó acta y empecé a trabajar de forma oficial (documento 16, adjunto). Sin embargo, una vez más, [la Asociación Islámica] emprendió la misma oposición por enésima vez. A través de la intervención y la insistencia de la Asociación Islámica, y de la presión ejercida sobre la dirección de la compañía para despedirme, el lunes 1 de diciembre de 2008, los guardas me impidieron la entrada a la zona del proyecto, a pesar de que mis herramientas y mi equipo estaban en el lugar. Al día siguiente, gracias a la intercesión del gerente del proyecto, regresé y para mi sorpresa, el guardia no me detuvo. Entré en la fábrica y me dirigí a la oficina del gerente del proyecto. Me dijo que permaneciera en mi puesto hasta que el director hubiera concluido sus conversaciones con seguridad. Finalmente, decidieron que podría seguir trabajando a condición de que declarara por escrito que creía en todos los Profetas y en Su Santidad Muhammad, ¡con el fin de reconocer la honestidad de mi trabajo! (ver documento 17, adjunto). Sin embargo, el día siguiente, a las 10 de la mañana, me dijeron que recogiera mis herramientas y que dejara la fábrica. Eso hice, un día después de poner la declaración por escrito.
Si bien creemos que “Él hace lo que desea”, de nuevo diré que soy iraní, que amo a Irán, y que creo firmemente que “El futuro de Irán será grandioso y espléndido. […] Todos los demás países del mundo mirarán con respeto y honor a Irán; tened la seguridad de que este país avanzará hasta tal punto que deslumbrará los ojos de todos los hombres doctos del mundo”. [‘Abdu’l-Bahá]
[Publicado el viernes, 26 de diciembre de 2008, en http://news.persian-bahai.org/kermani. Traducido por Iran Press Watch: The Bahá’ís]
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