- “No quieren dejar rastro alguno de los bahá’ís”
- 11 February, 2009
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Algunos temen que la opresión de una minoría religiosa poco conocida en Irán se esté intensificando.
Naeim Tavakkoli vio por última vez a su padre, Behrouz, hace ya tres años, en la infame prisión Evin de Teherán. Semanas antes, Behrouz, uno de los que coordinaban a los 300.000 iraníes seguidores de la religión bahá’í, no volvió a casa. Naeim, su madre, y su hermano lo buscaron por hospitales y comisarías pero no había rastro de él. Finalmente, les informaron de que Behrouz había sido detenido por el Ministerio de Inteligencia, y de que podían visitarlo.
Los tres se sentaron en un banco frente a Behrouz, en una pequeña habitación. Detrás de ellos habían dos agentes del gobierno, observando y escuchando. “Mi padre estaba delgado, pálido, y tenía la barba larga. No le dejaban afeitarse.”, dijo Naeim en una entrevista con Maclean’s. “Cojeaba, y llevaba puesto el uniforme de preso, no muy limpio; era un pijama, básicamente.”
Naeim explicó a su padre que se iba a trasladar a Canadá; su padre le deseó mucha suerte. Pocos meses después, Behrouz fue puesto en libertad, pero Naim ya estaba en Ottawa, donde vive actualmente. Más tarde supo por su madre que habían forzado a su padre a sentarse en un taburete durante 24 horas seguidas y a dormir sobre hormigón. Empezó a sufrir problemas de riñón, pero ya era libre. Al menos, durante un tiempo.
En mayo pasado, Behrouz fue detenido de nuevo. Agentes de seguridad se presentaron en su hogar a las seis de la mañana. La madre de Naeim pidió un tiempo para prepararle una bolsa a su marido con ropa caliente, pero le contestaron que no viviría tanto tiempo como para necesitarla.
Behrouz lleva en la cárcel desde entonces, como parte de una creciente ofensiva contra una minoría religiosa que pocas personas fuera de Irán conocen. Los otros seis líderes bahá’ís fueron arrestados la pasada primavera, cinco de ellos durante la misma mañana que Behrouz. Otros cinco bahá’ís fueron detenidos en enero, incluyendo a Zhinoos Sobhani, quien trabajaba en la Organización para la Defensa de las Víctimas de las Minas y en el Centro de los Defensores de los Derechos Humanos, ambos fundados por la premio Nobel de la paz iraní, Shirin Ebadi. Estos arrestos se añaden a la discriminación diaria que sufren los bahá’ís. No tienen acceso a la universidad, y sus cementerios son destruidos con regularidad.
Mohamad Tavakkoli, profesor de historia y de las civilizaciones orientales y occidentales en la Universidad de Toronto, dice que hace mucho que hay enemistad por parte de las autoridades religiosas chiíes hacia el baha’ismo, religión monoteísta nacida en Persia durante el siglo XIX. Esta hostilidad aumentó con la Revolución Islámica de 1979 y se ha convertido en un problema especialmente serio bajo la presidencia del Sr, Mahmoud Ahmadinejad y su énfasis en los rasgos mesiánicos del Islam chiita.
Los bahá’ís no son la única minoría religiosa de Irán. Miles de iraníes siguen la religión zoroastriana, surgida antes del islam. En Isfahán, sin duda la ciudad más bella del país, los cafés más modernos se encuentran en los barrios armenios, donde también se reúne la juventud musulmana para charlar y flirtear. Hay al menos 20.000 judíos en Irán, más que en cualquier otro país del Medio Oriente, aparte de Israel. De vez en cuando son perseguidos, normalmente por la equívoca suposición de que están relacionados con Israel. Pero hay poco antisemitismo en el país. Muchos de los comerciantes de la calle principal de Shiraz son judíos, y las sinagogas no necesitan seguridad, a diferencia de, por ejemplo, París. Los judíos iraníes, como los cristianos, gozan del estatus oficial de “minoría” y están representados en el Parlamento Nacional.
Los bahá’ís no cuentan con semejante protección. Mientras que los cristianos y judíos son reconocidos como “las gentes del Libro”, a los bahá’ís se les considera herejes o elementos subversivos políticos.
“El baha’ismo se ha convertido en cabeza de turco,” dice Tavakkoli. “Con la aparición del islam político, la Fe bahá’í está cumpliendo el papel de una religión que contribuye a la desintegración y caída del islam.”
El fundador de la Fe bahá’í, Bahá’u’lláh, falleció en Palestina y por ello, Su tumba se encuentra en lo que hoy día es Israel, y es un importante centro de peregrinaje. Las autoridades iraníes usan esta conexión para desacreditar a la religión. “Ellos definen al baha’ismo como siervo del zionismo, mientras que los bahá’ís llegaron a Tierra Santa antes que muchos zionistas europeos, y se encontraban ahí desde antes del establecimiento del Estado de Israel”, afirma Tavakkoli.
Naeim explica que el Gobierno iraní, que controla de manera eficaz los medios de comunicación y los usa para generar odio, es el responsable de gran parte de la hostilidad anti-bahá’í. “La gente es buena”, dice. Sin embargo, también recuerda que, cuando era un crío, los profesores religiosos de la escuela contaban a los demás niños que los bahá’ís eran sucios. Él se sentaba en el suelo, y sus compañeros intentaban no acercarse mucho a él para no tocarlo sin querer. Cuando tuvo la oportunidad de ir a Canadá, aprovechó la ocasión, uniéndose a miles de bahá’ís iraníes que habían emigrado ahí.
Él sabe que los bahá’ís han sido perseguidos desde que se fundó su religión, y que su padre ya había estado detenido anteriormente. No obstante, teme que la opresión que viven los bahá’ís en Irán esté alcanzando una nueva intensidad. Le preocupan las oleadas de arrestos, la destrucción de cementerios, como si la historia de la gente pudiera ser borrada. “No sabemos lo que va a pasar”, dice. “No quieren dejar rastro alguno de los bahá’ís.”
[Fuente: http://blog.macleans.ca/2009/02/03/%E2%80%9Cthey-don%E2%80%99t-want-to-leave-a-trace-of-anything-baha%E2%80%99i%E2%80%9D/]
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