- ¡Contesto, luego existo!
- 29 January, 2009
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En una época en la que diversas resoluciones de condena al gobierno islámico iraní por sus violaciones de los derechos humanos están siendo aprobadas de forma regular por varios gobiernos, Irán continúa enriqueciendo su historial de fechorías a pesar de lo que el resto del mundo hace o piensa. Entre las actividades que lleva a cabo destaca el trato que dispensa a las minorías religiosas, y más concretamente la continuada persecución de los miembros de la comunidad bahá’í, que se remonta a mediados del siglo XIX.
Tras un incidente ocurrido recientemente, una joven puede ser expulsada de un instituto de educación secundaria en Shíraz, capital de la provincia. ¿Por qué? Tristemente, la razón es su creencia religiosa. Cuando sus compañeros le enseñaron un folleto anti-bahá’í que les proporcionó uno de los profesores, ella inocentemente respondió a sus preguntas y esclareció las múltiples falsedades contenidas en el folleto.
Si bien ella ofreció sus respuestas a petición de otros estudiantes, un subdirector la amenazó con castigarla físicamente. Al final del día, la citó por su nombre públicamente, y posteriormente, se encaró con ella delante de otros miembros del profesorado y algunos padres. Asustada, guardó silencio mientras el subdirector la reprendía advirtiéndole que sería castigada severamente si volvía a hablar de la Fe bahá’í.
Le dijo que si piensa tanto en su religión que quiere enseñarla a otros, entonces él le daría una lección. “Vosotros trabajáis para los británicos”, le dijo, “y recibís dinero de ellos. Sólo sois un puñado de basura”. Mientras continuaba insultando a la joven en voz alta, una multitud empezó a congregarse fuera de la oficina. Muchos se preguntaban qué había hecho la tranquila y disciplinada estudiante para merecer la ira del enfadado subdirector.
Desgraciadamente para ella, no le quedaba otra opción que guardar silencio y tolerar sus insultos. Si hubiera respondido de cualquier forma, le habría estado siguiendo el juego y habría corrido el riesgo de ser expulsada de la escuela en ese momento. Posteriormente, cuando sus padres se quejaron, la respuesta del subdirector fue que había “aprendido acerca del libro-madre de la Fe bahá’í a la edad de cuatro años, cuando asistía a clases anti-bahá’ís”.
La semana pasada tuvo lugar un incidente similar, cuando en otra escuela de niñas se lanzaron acusaciones e insultos contra los bahá’ís durante el recreo. Los ataques verbales eran tan feroces que incluso las niñas musulmanas protestaron por ello.
Al tiempo que los jóvenes iraníes consideran sus escuelas como una especie de segundo hogar, estas se están convirtiendo ahora en centros de persecución e intolerancia religiosas. ¡Toda esa vigilancia satánica se centra en los inocentes sentimientos de jóvenes estudiantes en un país cuyo presidente actual se jacta de ser el más liberal de mundo!
En una agotadora guerra de desgaste, el número de alumnos bahá’ís en las escuelas sigue disminuyendo. El año pasado había muchos bahá’ís en las escuelas mencionadas anteriormente. Hoy, tan sólo queda una estudiante bahá’í en una de las escuelas. Parece ser que los funcionarios implicados no pueden soportar tener un solo bahá’í en sus centros escolares, y quieren expulsarla a toda costa.
Sin embargo, expulsar a los bahá’ís no es nada nuevo. La intolerancia religiosa crece en Irán, infundiendo nueva vida a viejos sistemas de creencias, tales como el grupo Hojjatieh [grupo anti-bahá’í: http://en.wikipedia.org/wiki/Hojjatieh]. Estos incidentes simbolizan el alcance del odio hacia la Fe bahá’í y sus seguidores en Irán.
Los bahá’ís de Irán han tolerado estos ataques frontales durante generaciones, al tiempo que dan gracias al Todomisericordioso, puesto que, por vergonzosos que sean estos ataques, también ha promovido la Causa bahá’í. Antes de los incidentes acaecidos en estas dos escuelas, apenas unas pocas personas podían hablar de la Fe bahá’í con fundamento. Ahora, debido en gran parte a los actos escandalosos de dos subdirectores en dos escuelas diferentes, más de cuatrocientas estudiantes supieron más acerca de la Fe bahá’í: lo que la estudiante no fue capaz de lograr en tres años, fue concluido por el subdirector en menos de tres horas. Ello es, en sí mismo, un signo de la grandeza de la Causa de Dios: los enemigos de la Fe se convierten en promotores involuntarios del mismo proceso que tratan de detener.
Aun otra faceta de este tipo de incidentes es la completa ausencia de autocontrol y paciencia puesta de manifiesto por aquellos que se muestran intolerantes con los demás. En el caso del primer subdirector, una vez que se encaró con los padres de la joven, empezó a recitar versos coránicos que condenan a todos los infieles, y aseguró que los musulmanes son seres humanos muy amables entre sí, pero son libres de ser ásperos e implacables a la hora de enfrentarse a los infieles.
Evidentemente, nosotros ponemos en duda esta clase de afirmación propia de un niño, al recordar los malvados actos perpetrados contra los musulmanes sunnis de Sistan y Baluchistan (como por ejemplo, la destrucción de una mezquita sunní, y los múltiples arrestos que se llevaron a cabo entre los muftis del Kurdistán).
Al subdirector, sencillamente, no se le puede tomar en serio. Además, nadie puede llamar infiel a un bahá’í legítimamente cuando estos últimos creen en un Dios Todopoderoso, el mismo Dios que existe en el Islam o en el Cristianismo.
Cualquier persona razonable que verdaderamente tuviera algo que decir no necesitaría gritar insultos ni intimidar a otros usando un lenguaje grosero. Tristemente, es a este último grupo al que pertenece el subdirector. Insultando a la joven frente a otros estudiantes, y haciendo todo lo posible por degradarla, sólo acaba rebajándose a sí mismo.
Al final, nos quedamos con dos interrogantes: la primera es si estas dos escuelas ilustran el sistema educativo iraní, o si se trata sencillamente de excepciones escandalosas; y en segundo lugar, ¿cómo puede alguien justificar la existencia de clases anti-bahá’ís? La mera existencia de una enseñanza organizada y sistemática, que tergiversa la realidad y promueve el prejuicio religioso es a todas luces un lavado de cerebro, y no debería ser tolerada por ninguna sociedad, en ninguna parte del mundo.
[Iran Press Watch agradece a uno de sus lectores la contribución de la presente traducción]
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