- Testimonio de un bahá’í iraní expulsado de la universidad
- 18 March, 2009
-
Iran Press Watch agradece la recepción del conmovedor testimonio de un joven bahá’í de Irán, a quien identificaremos por su nombre, Ali-Reza.
En el Nombre de Dios, el Creador!
Respetuosamente, declaro que yo, Ali-Reza … soy bahá’í e hijo de un bahá’í.
En 1996, tomé parte en el examen de ingreso a la universidad. En aquel momento, por circunstancias especiales (mi madre era una musulmana acérrima, había prohibido a mi padre entablar contacto con los bahá’ís), yo, único hijo de la familia, ni siquiera conocía la religión de mi padre conforme me hacía mayor.
A la hora de rellenar el impreso de solicitud, marqué “musulmán” en la columna correspondiente a la religión [del candidato]. Antes de que los nombres de los candidatos fueran anunciados en los periódicos nacionales, fui citado por las autoridades de la República Islámica de Irán y la Organización para la Evaluación y Medición. Después de hacerme muchas preguntas irrelevantes, se me notifica que a pesar de que había aprobado el examen con creces y podía entrar en la escuela de medicina, no se me permitía continuar mis estudios debido a la religión de mi padre. Les expliqué que ningún verso del Corán o de la Constitución permite la discriminación contra las minorías religiosas; tambien insistí en que yo era un musulmán desde que nací y que sólo mi padre era bahá’í. Me dijeron que la Fe bahá’í no figura entre las religiones oficiales del país, y sus seguidores son espías de Israel, antiislámicos y antiiraníes.
Después de perseguir sin descanso mi sueño de convertirme en médico, de perder un semestre escolar, de recibir amenazas e insultos, y tras aceptar las condiciónes especiales que me imponían, me permitieron inscribirme. La condición era que en ningún momento y bajo ninguna circunstancia debía participar en actividades de enseñanza de la Fe bahá’í (sobre la que de todos modos no sabía nada, si bien me crié en un hogar con un padre bahá’í).
Sin embargo, pocos años después empecé a investigar, y finalmente acepté la Fe bahá’í, tras de lo cual me di cuenta de que había sido criado según los principios de la Fe.
Por desgracia, el hostigamiento no se detuvo cuando entré en la universidad. Con cada cambio del personal, era interrogado por el Comité de Seguridad una y otra vez. En todo esto, la única acusación que me dirigían era que mi padre era bahá’í. A menudo me citaban para ser investigado y presionado para seguir el Islam. Cada vez me hacían preguntas irrelevantes que me resultaban muy difíciles de abordar. Emocionalmente me encontraba agotado, sobre todo cuando asociaban a los bahá’ís con al espionaje.
En 2002 ejercía como médico residente, finalizando el último semestre en mi escuela de medicina y trabajando en el hospital. Movido por un sueño espiritual que tuve, y por la curiosidad que despertaron en mí las preguntas que me hacían las autoridades, empecé a investigar la Fe bahá’í buscando en Internet. Quería saber acerca de la fe que se me había prohibido tajantemente mencionar a nadie, y por la cual me habían acosado tantas veces a lo largo de tantos años.
Finalmente acabé por abrazar la Fe bahá’í. Estaba tan conmovido por el Libro Más Sagrado y el Libro de la Certeza que no pude contenerme y ocultar mi fe. Mis amigos íntimos, mis compañeros y, posteriormente, los Basij [milicia islámica que se entromete en todos los aspectos de la vida de la gente] supieron de ello y lo comunicaron al Comité de Seguridad de la universidad. También hablé de mi creencia con el Khademin, que me guió y me pidió que fuera prudente [en el sentido de no proclamar la fe demasiado abiertamente poniendo así su vida en peligro].
Después de aceptar la Fe bahá’í, no sólo he perdido a mis amigos (aunque no a todos), sino que he sido objeto de la ira y el odio de todos mis familiares y algunos de los parientes de mi esposa. Incluso intentaron obligar a mi esposa a separarse de mí. Sin embargo, ella también estaba investigando la Fe y, además, tenía una opinión favorable de ella. Mi mujer fue fuerte y no cedió a la presión.
Desde entonces, he estado en contacto con la comunidad bahá’í, he enseñado la fe y mi conocimiento de la fe ha aumentado. También he formado y educado a mis hijos siguiendo las enseñanzas de la fe.
Después de tener conocimiento de mi aceptación de la Fe bahá’í, el Comité de Seguridad de la universidad me convocó y empezaron a interrogarme. Me dijeron que según la información recibida por sus fuentes, sabían que yo había estado en contacto con “elementos de la equivocada secta” y que había causado “perturbación en la mente pública”. Les respondí, rechazando sus acusaciones. Les dije que acababa de aceptar la Fe bahá’í y que no había hecho nada para causar perturbaciones a las mentes. Mis respuestas los dejaron consternados, y la firmeza de mis creencias los enfadó.
Finalmente fui acusado de ser causa de “desorden en la universidad” y de “perturbación de la mente de los estudiantes”. Fui expulsado de la residencia universitaria, excluido de la universidad durante dos años, obligado a abandonar la escuela de medicina y forzado a especializarme en fisioterapia. Me opuse a ello firmemente, me quejé ante el Ministerio de Salud y también a la justicia e incluso me dirigí por carta al Sr. Khatami, el Presidente de Irán en ese momento. Todos mis esfuerzos fueron en vano. Fui advertido reiteradamente de que no debía hablar con nadie sobre todo lo que me estaba sucediendo.
Durante los dos años en los que me prohibieron el acceso a la universidad, me compré un pequeño coche, costeado mediante la venta de joyas de mi esposa y la obtención de un préstamo. Monté un servicio de taxi entre distintas ciudades para abastecer a mi familia. El estar fuera de la escuela de medicina y no servir a los pacientes en los hospitales, cosa que apreciaba mucho, me causó mucho estrés. Varias veces me he sometido a tratamiento psicológico. Incluso el psicólogo, después de averiguar el motivo de mi depresión, escribió a los funcionarios de la universidad con la esperanza de que me permitiesen volver a la universidad, sin saber que mi depresión y consternación eran precisamente lo que las autoridades pretendían alcanzar. Desde entonces siempre me he sentido enfadado, impaciente y deprimido.
Finalmente, pasados dos años desde que fui expulsado de la universidad, a pesar de mi deseo de terminar la escuela de medicina, no tuve más remedio que cambiar mi campo de especialidad a fisioterapia. Sin embargo, aun entonces no me dejaron tranquilo. El Ministerio de Salud continuó escribiendo cartas confidenciales a los funcionarios de la universidad y viceversa, discutiendo sobre mi despido, sobre el que dispongo de documentos que he adjuntado.
Finalmente, después de recibir una notificación del Ministerio de Salud, se me prohibió matricularme. Me citaron a la oficina de seguridad y fui interrogado por las autoridades. Enfadados por mis respuestas, los Basij y el personal de seguridad me agredieron físicamente. Gracias a los esfuerzos de mi tío, no me detuvieron ni llevaron a juicio.
En 2004, cuando se les permitió a los estudiantes bahá’ís entrar en la universidad (casi todos ellos han sido expulsados desde entonces), yo también me matriculé. Terminé mis estudios con éxito y recibí unas notas excelentes en el boletín final.
A pesar de que había pagado todas las tasas y no debía nada a la universidad, fui enviado de nuevo, una y otra vez de oficina a oficina y al final me dijeron que, debido a problemas con mi expediente y en base a una directiva del Ministerio de Salud, no se me podría expedir un certificado académico. Insistí muchas veces, contacté con muchos funcionarios, pero no pude obtener un documento certificando que había acabado mis estudios.
El veredicto final fue que mientras yo insistiera en mis creencias religiosas, me sería imposible obtener un certificado.
No recibí ningún documento escrito de lo que me dijeron. Contacté personalmente con el Ministerio de Salud muchas veces para solicitar la sentencia por escrito. Por último, un empleado que fue de gran ayuda me dio una copia del mensaje.
Huelga decir que después de aceptar la Fe bahá’í no nos libramos del acoso por parte de nuestros vecinos y algunos de nuestros antiguos amigos. Ni siquiera dejaron tranquilo a nuestro coche. A veces encontrábamos arañazos, un espejo roto, o los cuatro neumáticos pinchados. Nuestro hijo ha sido sometido a coacción en el colegio y, finalmente, nos vimos obligados a cambiarle de escuela. Todas las presiones y la agitación infligidas a nuestras vidas han afectado a nuestro hijo menor; sus secuelas son perceptibles en su comportamiento y le han causado la tartamudez.
Firmado,
Ali-Reza
Artículos relacionados:
-
ComentariosAade tu comentario al final...
- 3 bahá’ís escriben acerca de su expulsión de la universidad | EjercitoDePaz | 23 March, 2009 - 23:50
[...] Ali-Reza: Es un bahá’í de padre bahá’í y madre musulmana que comenzó sus estudios como musulmán, pero en cuanto supo de la Fe Bahá’í y se hizo bahá’í se le presentaron multitud de problemas: Testimonio de un bahá’í iraní expulsado de la universidad (Iran Press Watch) [...]
- Amiga Panama | 30 December, 2009 - 10:41
Eres valiente… Te admiro y siempre te tendré en mis oraciones…
