- Universitarios musulmanes protestan contra la expulsión de un estudiante bahá’í de la universidad
- 5 December, 2008
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(Fuente: MidEastYouth.org) Una de las armas empleadas por el gobierno iraní para reprimir a su población bahá’í ha sido denegarle a los jóvenes el derecho a la educación, en lo que sólo puede ser descrito como limpieza intelectual.
El Ministerio de “Justicia” iraní estipula que los bahá’ís pueden matricularse en las escuelas (preferiblemente en aquellas con una marcada ideología religiosa), a condición de que no revelen su afiliación religiosa. Por lo tanto, no resulta sorprendente que hayan salido a la luz informes que señalan que a menudo los niños bahá’ís sufren tentativas de conversión forzosa [al Islam].
Sin embargo, tras la Revolución, los bahá’ís vieron cómo las puertas de la universidad se cerraban de golpe ante ellos. Es más, el Instituto Bahá’í de Educación Superior, una iniciativa clandestina dirigida por la comunidad, fue víctima de una redada y cerrado en 1998.
El gobierno iraní asegura que ha modificado su política y que ahora admite a los bahá’ís en sus universidades, pero un memorándum remitido por el Ministerio de Ciencia, Investigación y Tecnología ha cursado instrucciones a todas las instituciones [de educación superior] para que expulsen a cualquier estudiante tan pronto como se compruebe que es bahá’í.
Algunos estudiantes musulmanes y miembros del profesorado han expresado su consternación ante la injusta expulsión de sus hermanos y hermanas bahá’ís, pero un grupo ha decidido pasar a la acción y protestar:
El Sr. ‘Amíd Sa‘ádat, bahá’í iraní, tomó parte en el examen de acceso iraní a la universidad de este año, y fue admitido en la Escuela de Kelardasht, Mazindaran, que está asociada a la Universidad de Ciencias Aplicadas y Tecnología de Teherán, para estudiar hostelería. Pese a que se había identificado como bahá’í en los impresos de matrícula de la Escuela, en los que el alumno debía indicar su religión, pudo empezar sus estudios. En las semanas siguientes, se le dijo en varias ocasiones que modificara la información relativa a su religión, pero él rehusó hacerlo. La víspera de sus exámenes finales del primer trimestre el director de la Escuela informó al Sr. Sa‘ádat que había sido expulsado y que, por lo tanto, no se le permitiría presentarse a los exámenes.
Cuando los compañeros del Sr. Sa‘ádat preguntaron por qué no se le había asignado a éste un asiento en las pruebas, un empleado de la Escuela les respondió que el Sr. Sa‘ádat había sido expulsado por cuestiones morales. Sin embargo, cuando el Sr. Sa‘ádat preguntó al empleado cuál era exactamente su “problema moral”, éste trajo a la conversación el asunto de su religión y, con cierto entusiasmo, preguntó al Sr. Sa‘ádat si quería que se hiciera saber a los estudiantes que la razón de su expulsión había sido su adhesión a la Fe bahá’í. El Sr. Sa‘ádat asintió, y cuando se hizo el anuncio a su clase de unos cincuenta alumnos, muchos de ellos pusieron objeciones a ello, preguntando: “¿Qué tiene que ver la religión con la educación?” Al día siguiente, veintiséis estudiantes rehusaron hacer el examen en señal de protesta contra la expulsión del Sr. Sa‘ádat. Tres de estos estudiantes fueron citados posteriormente por el Ministerio de Información, quien les interrogó acerca quién había incitado a la huelga. Señalaron que habían comunicado a los agentes del Ministerio de Información que la decisión de protestar había sido una elección personal, y que, de hecho, el Sr. Sa‘ádat les había pedido que no emprendieran semejante acción.
En su última visita a la Escuela, miembros de la dirección le dijeron al Sr. Sa‘ádat: “Su educación ha concluido, y puede venir a por su expediente. En otras palabras, su educación ha quedado invalidada.”
“La sociedad iraní concede gran importancia a la educación, y la exclusión de los bahá’ís de las universidades por parte del gobierno no sólo aspira a limitar las perspectivas de futuro de estos jóvenes, sino también a desalentarlos a ellos y sus familias”, señaló la Sra. Kit Bigelow, Responsable de Asuntos Externos de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de Estados Unidos. “Por tanto, resulta sumamente alentador ver cómo, tras incidentes como el descrito anteriormente, sus compatriotas, a menudo corriendo un riesgo considerable, adoptan una postura firme contraria a la vergonzosa conducta de las autoridades para con los bahá’ís.”
A través del coraje desinteresado y la búsqueda de la justicia podemos provocar un cambio positivo. Esperemos que un mayor número de ciudadanos iraníes expresen su rechazo a la persecución a la que las autoridades iraníes someten a la comunidad bahá’í.
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